Fantasma en el lago
La tarde era clara y el ocaso dibujaba un surco en la superficie de cristal, el agua uniforme marcaba sus límites, la vegetación se tornaba fría y conforme habían pasado las horas el silencio no me dejaba pensar.
Llegué temprano- me dije, creyendo evitar la verdad, pero ahora creo que fue demasiado tarde.
La torre de metal me recordó el lugar que dejamos atrás, el que tan bien conocimos y al que nunca quisimos volver.
El poste de luz, la mínima referencia; como el viejo faro a los marinos en la espesa niebla de un mar tenebroso, el que nos indicaba el punto de encuentro cuando por muy tarde que llegáramos habría un lugar para los dos.
Y ese viejo árbol que tantas veces fue testigo de nuestro amor, de tu risa y mi locura, de tus caricias y mi pasión, de tus susurros y los latidos de mi corazón, de nuestras promesas infantiles, de nuestros deseos y nuestra esperanza por ver algo mejor.
Te esperé hasta el cansancio y grité tu nombre hasta la saciedad. Nos vemos en el viejo lago- dijiste antes de soltar mi mano, como promesa del encuentro que aun espero llegará.
Me fui para no volver, pero me quedé para no olvidarte, te esperé para no detenerme nunca más; sola me quedo en este viejo lago que me conoce tal vez mejor que tu.
Y si a la distancia nos volvemos a encontrar, seguramente será porque así lo deseamos.
Hoy solo soy la que deambula por este paisaje, un fantasma solitario que recorre los mismos caminos en espera de que vuelvas para no irte jamás.

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Fotografía Andy James (D.R. 2006)


