Vida después de la vida
That’s what she said,
only the strong survive
Gamble - Huff – Butler
La tragedia que vivieron la semana pasada los 5 pescadores mexicanos que, durante mas de 9 meses permanecieron a la deriva en una panga de 9 metros de largo y en la que a la postre solo consiguieron sobrevivir 3 de ellos, al ser encontrados por un barco pesquero en las costas de Australia, da pie a un gran número de historias que se pudieran crear entorno al hecho; desde la manera en que lograron alimentarse comiendo pescados crudos, patos y agua de lluvia, para pasar por los macabros sucesos de la muerte de los compañeros de embarcación, hasta el intentar adentrarse en sus pensamientos mas profundos: la lucha interna y grupal por la supervivencia, los sentimientos de frustración, miedo, hastío, soledad, esperanza y fe.
Pero tal vez una de las situaciones más fascinantes que nos muestra esta historia, es el hecho de cómo se afecta la vida de los que nos rodean, los que nos estiman, los que comparten nuestro diario suceder al desaparecer y tal vez creernos muertos.
Es cierto que en casos como el de los pescadores, al no confirmar el deceso se mantiene la fe en que algún día se sabrá el destino de la vida de los que se fueron; a diferencia de los que por seguro se sabe han muerto y de los que no se espera ya nada más. Porque una cosa es irse por voluntad propia a otro lugar y cortar comunicación por decisión personal y la otra es el considerarse fuera de la existencia de los demás con el sentimiento de perpetuidad. ¿Cómo llenar ese vacío que deja una persona cuando no está, sobre todo pensando en la idea de que no volverá?, ¿Cómo cambiar las costumbres, los sueños compartidos y metas cuando alguien de quien se depende para lograrlas ya no volverá?, ¿Cómo nos adaptamos a la pérdida cuando creemos que ya nada volverá a ser igual?, ¿Cuál es el tiempo mínimo de duelo que se le debe guardar a un ser querido para continuar con la vida propia?.
Porque para ser sinceros, aunque sabemos que no somos eternos o inmortales, nunca pensamos en el día que esa persona allegada a nuestra vida ya no esté y en el mayor de los casos, tampoco pensamos que pasará cuando nosotros ya no estemos y se afecten de alguna u otra manera la vida de los demás.
Para algunas religiones o creencias, el hecho de una vida posterior a la actual es el premio máximo a las acciones realizadas ahora y de la que más adelante se espera como tal (si vivimos de acuerdo a ciertos preceptos), un beneficio completo: volver a ver a los que partieron antes que uno, disfrutar del conocimiento total, tener paz, felicidad eterna, cero sufrimiento, etc. Si la reencarnación es otra forma de premio o castigo a las acciones de esta vida, ¿Cómo entendemos que estamos viviendo una segunda o tercera vida sin el conocimiento o la certeza plena de haber vivido previamente y aprender de los errores y aciertos, de las alegrías y tristezas cometidas con antelación?, ¿Dónde está en ese caso la experiencia previa que nos permitirá mejorar como seres humanos para alcanzar la plenitud de espíritu, sino podemos recordarla?
¿Y qué sucede cuando como en el caso de los pescadores se tienen la increíble oportunidad de literalmente volver a la vida después de creerse muerto?.
Volver a esa vida que hemos interrumpido, aquella que dejamos sin consentimiento y que lo más probable es que no sea la misma que cuando nos fuimos, es una oportunidad que solo pocos pueden tener. ¿Cómo volver al camino andando si las personas que queremos de alguna u otra manera al considerarnos fuera de su vida han hecho otra, tal vez diferente a la que conocimos?. ¿Nos sentiremos con derecho de reclamar el territorio, las experiencias, los amores y amistades perdidas si se nos consideraba inexistentes?.
Lo que la aventura de estos pescadores nos muestra es que, tal vez, esa sea la verdadera vida después de la vida, la que nos espera a cada uno: el volver a empezar una nueva sin tener que dejar la actual pero con la ventaja de los conocimientos y las experiencias marcadas por los errores y fracasos cometidos en la anterior, para así poder enmendarlos y ser cada vez mejores personas en todos los aspectos; solo así lograremos la trascendencia anhelada.
Por que a fin de cuentas no necesitamos vivir a la deriva nueve meses alejados de todo contacto humano, ni desaparecer para poder tener la oportunidad de valorar, mejorar y cambiar nuestro destino. Tal vez solo se requiere como en el caso de los náufragos valor para afrontar las adversidades, deseos de vivir y esperanza en un mejor futuro.
Referencias
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Bueno yo también hice una reflexión en mi blog. Está claro que se necesita tener un temple especial para sobrevivier tanto tiempo a la deriva. Saludos. Buen blog.
Carmen — 01-09-2006 11:50:57


