Los Muchachos perdidos
Sleep all day. Party all night.
Never grow old. Never die.
It's fun to be a vampire.
Nanook es para los esquimales, el nombre del Dios de los osos polares en la mitología Inuit; en Los muchachos perdidos (The Lost Boys, 1987), es un perro de raza Alaska Malamut que acompaña y defiende a uno de sus protagonistas (Corey Haim) de las garras o mejor dicho de los colmillos de los vampiros californianos.
Los Muchachos perdidos, presenta la historia de dos jóvenes hermanos que se mudan a California en compañía de su madre, a la casa de su abuelo; sin saber que el pueblo de Santa Carla es acosado por vampiros juveniles (lidereados por el rebelde Keifer Sutherland) que hacen de las suyas cuando el sol fenece en las playas del Pacífico.
Haciendo honor a la película y por el gran parecido de nuestra mascota con el de la película, en 1989 nuestro Alaska Malamut también fue nombrado Nanook. Con el paso de los años y al ser la primera mascota de la familia, Nanook se convirtió en un integrante de la familia al cual se atendía y se le alimentaba en muchas ocasiones mejor que a cualquiera de nosotros, pero valga decir que, siempre nos acompañó en desveladas, fiestas y nuestra vida diaria gustos de la mutua compañía.
Con buenos y sencillos efectos especiales para la época, la película resulta bastante entretenida, con momentos de humor y suspenso, representando la clásica lucha del bien contra el mal con música de INXS, The Doors y Tim Capello. Para las adolescentes de la época, el mayor atractivo representaba la actuación de los dos Coreys (Feldman y Haim), algo así como los Diego Luna y Gael García de los 80´s pero sin gran talento actoral.
Años han pasado de esta película y no puedo evitar volver a verla cada vez que la transmiten por televisión y aunque ya conozco todos los detalles de la misma, no deja de causarme emoción los momentos en que Nanook hace su aparición, salvando y defendiendo a su amo de los pubertos vampiros americanos.
Meses antes de que el que escribe levantara el vuelo del hogar paterno para consagrarse a otros horizontes (de eso ya hace mas de 8 años) Nanook dejó este mundo; mascotas llegaron y se fueron, pero como la primera, la verdad es que nunca.
Hoy que he vuelto a ver dicha película, confío en que de acuerdo a la leyenda azteca, el Nanook que yo conocí espere pacientemente el día en que me acompañará por tierras desconocidas, para cruzar con toda salvedad el río que nos llevará al Mictlán.


