Una membresía menos que contar
No me sonrojo
si te digo que te quiero
Jarabe de Palo.
Desde hace mucho años pertenezco a uno de los más exclusivos e importantes grupos a los que se puede tener acceso, la secrecidad y elitismo del mismo hacen de este club uno de los más difíciles a los que se pueda pertenecer y por lo cual hay que mantener de forma constante el mayor nivel.
Un club en el que comemos carne cruda y nos limpiamos la boca con el dorso de la mano, un grupo en el que no pedimos permiso sino simplemente tomamos las cosas porque podemos y queremos, un grupo en el que nos rasuramos con cuchillo y tomamos bebidas hirvientes como lava sin chistar: El Club de los hombres más hombres, el Club de los Machos.
Años de obtener méritos y pasar diferentes pruebas me han convertido en un miembro VIP de esta selecta cofradía. Mis hazañas, han quedado grabadas en los anuarios de este histórico club, solo equiparadas a las de Sansón, Hércules, Jasón, Johnny Rambo, Chanoc y Pedro Navajas; pero con toda la experiencia y antigüedad que me ha dado la pertenencia a este club, en estos días he comprobado que ha sido difícil mantener mi nivel platino de dicha asociación; mi fortaleza y dureza han menguado gravemente y todo esto lo comprobé en mi más reciente visita a México.
Nunca he sido bueno para las despedidas, por lo general trato de evitarlas y en general nunca digo adiós, prefiero pensar que siempre habrá una próxima vez en la que nos veamos y que esa será pronto. Es así que cuando llegan estos momentos prefiero decir un hasta pronto o nos hablamos luego. Después de la felicidad del retorno temporal a la tierra prometida y de convivir con amigos y familiares, llega el momento de la partida y las desgracias, mi rudeza de años se desvanece por completo y lo peor es que solo enmudezco sin poder decir palabra alguna.
Siendo miembro superior del Club de los Machos se te prepara para superar enormes pruebas con temple y hombría, podrás pelear a puño limpio con osos salvajes, coserte las heridas en punto de cruz sin anestesia y dormir por horas en la playa sin protector solar, pero nunca se te entrena lo suficiente para cuando tu madre se despida de ti con lágrimas en los ojos y abrace a su nieta como queriendo guardar ese instante para siempre. No hay un manual que indique que hacer cuando tu padre se funde en un abrazo de gusto por saber que estamos juntos y en la despedida te diga cuanto te quiere, no hay guía que te aconseje como responder cuando tu hermana te pregunte porque no te puedes quedar más tiempo y si volverás pronto.
Lo peor del caso es que en este selecto grupo nunca jamás se te indica que hacer en el punto en que tu mejor amigo te dice que le hiciste falta en esos momentos difíciles por los que acaba de pasar y aun no sale del todo. Es ahí donde la membresía del club pierde todo sentido. Tal vez podrás palmearlo en la espalda y decirle que todo va a estar bien y pedir otra ronda de cervezas para olvidar el incidente o a lo mejor podrás decir que la música del lugar es muy alta y no escuchaste lo que te dijo fingiendo demencia temporal, o fingirás un acceso de tos y correrás al baño para salir del paso de dicha situación.
Pero mas allá de ser muy hombre también está la amistad; si las palabras quedan, los sentimientos calan el corazón y aun viéndome como toda una nena y perdiendo todos mis derechos de este tan exclusivo club, te digo a ti, mi estimado Aboganster, que hay veces que las palabras no salen en el momento, que aunque no pueda estar a la vuelta de la esquina, de corazón siempre estoy ahí, que afortunadamente estamos con vida y que vida hay para enmendar nuestros errores y buscar nuevos horizontes, que la tristeza y soledad que se ven como algo permanente es solo un instante comparado con toda el tiempo que pasamos buscando esos momentos de felicidad que hacen que estos duros tiempos valgan la pena. No tendré muchas palabras para decirte en el momento pero mi hombro, amistad y hermandad están ahí para suplir el silencio.
Por lo demás y viendo que ahora los ex compañeros del club me ven con desprecio solo les digo:
-Soy bien hombre, pero no soy de piedra.
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La complejidad de las relaciones humanas, nos lleva en ocasiones a la adquisición de caretas con las cuales pretendemos transmitir una imagen de fortaleza, e incluso fingiendo que aquello que tanto lastimó ya ha sido superado.
Es por ello considerar oportuno, en ocasiones, decir gracias. Gracias por la presencia, si bien ocasional, suficiente para saber que puede uno discurrir su tristeza y su verdadera vulnerabilidad ante aquel que no se ha cansado de decirte que es tu amigo, e incluso, si no textual, si moralmente, enjuga tus lágrimas.
Debo de reconocer también, que en ocasiones surge la pregunta relativa a si el desmoronamiento moral, es o puede ser molesto para los demás, y siendo así las cosas, no hay nada más que pedir disculpas. Lo anterior en atención a que el visitante, es eso, y no la visita obedece a la posibilidad de convertirse en paño de lágrimas.
No obstante todo lo anterior, es momento de decir nuevamente GRACIAS, y se repite tantas veces, por aquellos momentos y palabras en que se dicen o escriben palabras como "pero mi hombro, amistad y hermandad están ahí para suplir el silencio", asegurando que en ocasiones no se requieren palabras, recuerda que "EL SILENCIO NO ES TIEMPO PERDIDO"
Suerte amigo.
EstebanEsteban Cortazar — 27-03-2007 20:43:38


